Dejamos atrás la estepa para adentrarnos en los antiguos bosques de Lenga y Ñirre que protegen los valles interiores. Esta ruta ofrece un contraste visual impresionante, cambiando los horizontes abiertos por la intimidad del bosque subantártico. El sendero serpentea entre árboles que crujen con el viento y claros de luz mágica. Haremos una parada para almorzar junto a un arroyo cristalino, disfrutando de la paz absoluta que solo estos bosques pueden ofrecer.